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El negro de Whatsapp. Del
microracismo convertido en meme y
la broma como acto siniestro del racismo.
Susana Margarita Martínez Cruz.
Quienes me conocen sabrán
mi afinidad no solo intelectual, sino afectiva y personal con respecto a
las cuestiones de etnia, raza y género, eso a lo que lxs académicxs les gusta
llamar interseccionalidad. Esta afinidad proviene en un primer momento por el
contexto en el que nací y crecí. La
ciudad de San Cristóbal dentro de una familia originaria de ese mismo lugar, de
esas que no solo academicxs, sino la gente en general suelen llamar coletas aunado
a eso, el hecho de haber estado formado una familia y tener dos hijas con
extranjero de origen nigeriano, a los que se les suele denominar “negros”. Estas dos situaciones me han hecho tomar
conciencia de muchas cosas que para los ojos de los otros parecen no suceder o
simplemente están invisibilizadas porque también me he dado cuenta, que además
de la subjetividades, tiene que pasar por la experiencia para poder comprender
de mejor manera muchos hechos de la vida cotidiana que se naturalizan.
Para quienes no conocen o no han visto al negro de whatsapp, se trata
de una imagen que circula en redes sociales a través de videos o memes en los
que el rostro y torso con una camiseta verde
un hombre negro de origen afro desconocido, aparece y cuando se le da
click en la foto, aparece la imagen completa con el resto del cuerpo desnudo y
con un pene de un largo exagerado, que pareciera ser un montaje.
Además de pasar por un tipo de broma inocente con connotación sexual, ligada al imaginario
con respecto a la virilidad y rasgos físicos sexualizados que se tienen sobre
los cuerpos de mujeres y hombres africanos, particularmente de todos aquellos
subsaharianos. El meme del negro del whatsapp como se le conoce, también es una
muestra de esos micro racismos cotidianos casi invisibles y naturalizados que
circulan todos los días y a todos momentos, no solamente en un contexto
particular sino que debido al momento en que vivimos, también se globalizan o
en lenguaje especializado del ciberespacio, se viraliza.
El microracismo de acuerdo a (Sanz, 2018) tiene sus orígenes
en el trabajo de dos psicólogos sociales,
Samuel L. Gaertner y John F. Dovidio, quienes en 1986 acuñaron el término de
racismo aversivo para definir el racismo de quienes no se consideran racistas y
que ha derivado en lo que se conoce ahora como microracismos, cuya característica
principal es la sutileza, es decir, se trata de pequeños gestos cotidianos que
perpetúan silenciosamente la violencia racial, que pueden ir desde estas
inocentes bromas, apelativos de “cariño”, referencias o comparaciones con
ciertas actitudes o grupos específicos, etc. cuya agresión es igual de violenta
o perversa que los otros tipos de agresiones físicas o verbales.
Es por ello que en esta ocasión he decidido escribir sobre el famoso
“negro del Whatsapp” personaje que se
viralizó desde 2017 en forma de meme,
a propósito de lo que me sucedió esta mañana cuando caminaba de camino a la
escuela con mi hija de catorce años, como todas las mañanas salimos alrededor
de las 7:40 a.m hacia la escuela en la
que estudia que nos queda muy cerca de casa.
Íbamos como siempre caminando con toda tranquilidad, esta vez en
silencio porque mi hija iba molesta por mi comentario de la noche anterior
sobre su consumo excesivo de galletas, en esta ocasión ella llevaba el cabello
suelto, debo decir también que afortunadamente tienen una gran cabellera la
cual ha decidido mantenerla larga.
Esto que pasaría completamente desapercibido para muchxs, pero no
en este caso, ya que al ser afrodescendiente, su cabello tiene muchas más
características afro que mías y que se
funden en una hermosa y gran melena de color negro llena de risos algunos
gruesos y delgados mezcla del cabello rizado de su padre y mi cabello lacio,
son así risos insumisos, inquietos
y rebeldes, tal como su carácter ahora justo
en esta edad adolescente y que cuando lo lleva suelto siempre llama la
atención.
Así íbamos cuando casi al doblar a la esquina de
nuestra casa, se encuentra justo una casa antigua en remodelación, como muchas
otras del barrio que están siendo reconstruidas o remodeladas gracias a los
efectos de la gentrificación que han sufrido muchos espacios de esta ciudad.
Como toda construcción o remodelación, había un grupo de trabajadores,
albañiles, todos hombres, jóvenes probablemente no mayores de treinta años.
Tengo que reconocer que afortunadamente en los últimos años no he
tenido ningún incidente con ellos, desde que siempre existe no solamente el
estereotipo sino la confirmación a través de otras experiencias de mujeres, que
es este gremio uno de los que más nos acosan en la calle.
Esta vez no había sido, así, saludamos y pasamos muy
tranquilamente hasta que uno de ellos, luego de que pasáramos gritó: ¡“El negro de whatsaap”! obviamente en referencia a mi hija y a mi, ya
que luego de esto, surgieron las risas cínicas y burlonas, por lo que me di la
vuelta e iba ir directamente a reclamar pero preferí no hacerlo para no
ponernos en riesgo ya que era yo contra seis tipos y mi hija.
Doblando la esquina, me di cuenta que mi hija también se había percatado
que esa “inocente” frase no había sido tan inocente y que había sido una ofensa
hacia nosotras, aunque no me lo expresó en ese momento, era obvia su molestia.
Entonces exclamé con mucho enojo y
coraje en voz alta: ¡son unos idiotas, voy a regresar a reclamarles”, a lo que
mi hija respondió: “¡Déjalos mamá, no te rebajes a su nivel”!
Después del incidente, seguimos caminando en silencio, hasta
llegar a su escuela y despedirnos, y en todo el camino de regreso a casa, fui
pensando en cómo estos microracismos son tan cotidianos e imperceptibles, pero
que están ahí latentes y que la gran mayoría de veces te percatas de ellos, al
momento en que ya no se trata de los otros, sino que te toca a ti, o toca a la
persona de forma individual. Entonces como no podía descargar mi enojo y coraje
porque cuando pasé ellos ya no estaban, como buena ociosa de las redes
sociales, decidí hacer pública mi molestia a través del siguiente post: “En modo: martes por la mañana teniendo que
tolerar insultos “invisibles” racistas y misóginos”. Entonces mi hermana me
envío un mensaje para saber lo que
pasaba y se lo conté tal y como había sucedido a lo que literalmente respondio
con risas para luego señalar: “¿y eso que tiene que ver? ¿pero que tiene que
ver ese insulto? ¡ese es un insulto tonto!
Para luego acotar: “Recuerda que
tu le das el valor de las cosas que te dicen. La neta ahí si le hubiera
gritado: ¡ psss tus complejos pendejo!.
Más tarde platicando con otro amigo, me preguntó que qué estaba haciendo en ese momento y cuando le
dije mis planes de escribir esta nota, su respuesta fue: “¿y en dónde está la
discriminación? Utilizar los tópicos puede ser de mal gusto pero no veo la
actitud racista o xenófoba”
La lectura que hago de ambos comentarios de personas tan cercanas
a mi, quienes conocen de manera personal la historia de mi vida y mis vínculos
con cuestiones de etnia, clase y género particularmente mi cercanía por familia
con la afrodescendencia, y que aún así cuestionan el porqué de mi malestar, es
que como sociedad seguimos con la venda en los ojos sobre el racismo y los
microracismos que de manera cotidiana se viven todos los días, son estos
pequeños actos de violencia tan invisibilizados particularmente a través de una
forma cómica y de la broma como un acto de diversión y no como un acto de violencia,
lo que los hacen aún más grave, y obvio, no se perciben, hasta que no es a
través de la experiencia personal, la experiencia vivida.
Franz Fannon, señalaba, una sociedad es racista o no lo es, no
existen grados de racismo. Disiento un poco con esta aseveración, porque creo
que si existen grados de racismo porque se entremezclan con la etnia, el género
y la clase social, particularmente con esta última.
Estos microracismos de los que muchas personas en la sociedad son objeto y me incluyo, tienen que ver más allá
de una cuestión biológica con cuestiones de índole cultural y que también se
esconden tras la máscara de lo políticamente correcto, tal como continuamente
nos sucede a nosotras, a mis hijas y a mi, bajo frases como: “¡qué bonito
cabello, ¿lo puedo tocar?! ¡qué suave!
En referencia a la idea de que por ser un cabello rizado afro su textura
debería ser tosca, o bien, cuando me ven a mi “blanca” y a mis hijas “de color”
me dicen: ¡qué bonitas tus hijas, yo siempre quise tener una así! O ¿qué se siente estar con un negro? O bien ese eufemismo de tratar de morenos o
morenitos para hacer ver menos visible la negritud, no poder nombrarla con
nombre y apellido. Trae a cuenta muchas
de nuestras actitudes racistas invisibilizadas y de las que ahora doy cuenta
porque tengo la claridad no solo en conceptos sino como lo digo en párrafos
anteriores, en base a la experiencia personal, del cómo te ven los otros como
una persona racializada no biológicamente pero sí cultural y socialmente.
Referencias consultadas:
García Martínez, Carlos. (2018) “¿Y tú porqué eres negro?” Reseña.
Laocoonte. Revista de estética y teoría de las artes. No. 6. 2018.