¡Qué hormiga tan fuerte! Debe ser una muchacha dijo Valentina con voz contundente cuando sostenía en su pequeña mano de casi seis añotes la lupa que recién habia tomado prestada del buró del cuarto de la casa de nuestra tía Lesvia esta tarde, mientras jugábamos en su patio. Esa lupa que antes fue de la abuela y antes de ella fue de la bisabuela y que Valentina ha tomado por primera vez, en el pasado ya había pasado por las manos de mi hermana, de mis primos y mías también y qué también muchas veces sigilosamente fue tomada de esa misma habitación, mientras la abuela componía las macetas del corredor de la casa, mi hermana vigilaba la puerta y yo la tomaba de encima del viejo libro de rezos de la abuela. Ahora en manos de Valentina, la pobre lupa, ya un poco maltratada por la vida y el pasar de los años con un espejo roto, aún sigue siendo el azote de las hormigas como antaño, cuando mi hermana y yo la usábamos para probar los ejercicios de los libros de texto, poniéndola entre el sol y el suelo o alguna despistada hormiga que hubiera caído en nuestras manos. Ahora Valentina las investiga con más calma y las ve de cerca, intenta con ella toarlas y en este intento las hormigas perecen bajo la sombra de la lupa. Vale se preoucupa y dice con voz seria: -ahora debemos investigar haia dónde llevan a las heridas. mira:- ahi traen la camilla ya, seguramente el hospital está cerca. Señalando esto con un tono de voz más aliviado y haciendo referencia a un par de ellas que se acercan con un paso lento y cargando sobre sí un trocito de hoja de alguna de las maetas, y otra más cargando a la compañera caída en combate. Vale no quiere perder detalle de este, al parecer ampo de batalla en que se ha convertido la esquena del patío de tía Lesvia. De pronto una voz nombrándola se esucha cerca, es el abuelo que llega con la promesa del helado de la tarde. Vale decide dejar el campo de batalla donde ha estado hasta ese momento inmersa en descubrir qué pasaba con las hormigas; y con la lupa en la mano se marcha ya, seguramente cambiará pronto la lupa por un helado y las hormigas descansarán por un rato, hasta que la curiosidad vuelva a regresar.
martes, 2 de marzo de 2010
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